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martes, 7 de febrero de 2012
Dvořák y la música de coral
Antonín Leopold Dvořák fue un compositor checo, postromántico y nacionalista, uno de los grandes compositores de la segunda mitad del siglo XIX. Sin perder una amplia proyección internacional, supo extraer las esencias de la música de su tierra.
A menudo se han distinguido varias etapas en la creatividad de Dvorak. Desde luego, es posible distinguir un primer periodo de aprendizaje y creación (primeras composiciones, estudios en la Escuela de Órgano, experiencia como viola en el Teatro Provisional), una época de deliberado clasicismo (inspirada en el pasado: Mozart, Haydn, Schubert, incluso Beethoven, aunque también en figuras del presente, como Wagner, modelo para sus primeras óperas: Alfredo y Rey y carbonero),
un tercer período decididamente nacionalista (cuando compone algunas de sus obras más conocidas) y un período final de madurez (a partir de su viaje a Estados Unidos, que comenzó en 1893). Sin embargo, es preciso matizar mucho esas etapas. En ningún compositor se puede distinguir normalmente unos períodos de otros de forma tajante. Menos aún en Dvorak. Es posible que en los años 70 componga obras más claramente clasicistas. Entonces comienza también su amor por la obra de Brahms, amigo suyo y protector a partir de cierto momento. Pero el nacionalismo es una vocación de Dvorak, propia del ambiente de efervescencia creativa de carácter nacional de la Praga de esos momentos (son los años de los poemas sinfónicos del ciclo Mi patria de Smetana). Y en la época considerada nacionalista hay una clara permanencia de elementos clásicos, como veremos.
Dvorak quiso desde el principio ser operista. Llegó a componer diez óperas, pero hoy en día se considera que tal vez sólo algunas de las últimas tengan auténtica categoría dramática (El jacobino, Kalia y el diablo, Rusalka). Nunca llegó en ópera a ser un Smetana. En cambio, hay al menos tres géneros en los que Dvorak aparece ante la posteridad como un auténtico creador: la música de cámara (con su enorme cantidad de cuartetos de cuerda, quintetos, tríos, etc.), la música sinfónica (con sus nueve sinfonías y sus numerosos poemas sinfónicos, oberturas, danzas y leyendas) y la música coral.
Las obras corales que compuso Dvorak constituyen una secuencia significativa de sus etapas como creador. La mayor parte de ellas son obras de carácter religioso. Dvorak, como compositor, fue un hombre sencillo, de armonías claras, de escasa tendencia a la modulación (con todas las excepciones que queremos). Como hombre también fue así, un hombre sencillo, afable, para el que la vida no había sido fácil en un principio, pero que, por su buen carácter, llegó a ser querido de todos, al contrario que Smetana, más intransigente, más radical, más combativo. Su religiosidad era, como él, sencilla y sin complicaciones. En su música sacra dio testimonio del Dios sencillo en que creía. Al mismo tiempo dio testimonio del pueblo cuya entidad, como tantos otros creadores, pretendió ensalzar y testimoniar.
La tradición coral en Bohemia y Moravia supuso un excelente punto de partida para la labor creativa de obras corales en compositores como Smetana, Dvorák y Janácek. Precisamente uno de los primeros éxitos de Dvorak fue el estreno en 1873 del Himno de los Herederos de la Montaña Blanca, op. 30, para coro y orquesta, revisado en 1880.
El tema elegido hace referencia a la batalla de la Montaña Blanca (Bílá Hora), que supuso la derrota de los checos frente al ejército imperial de la Casa de Austria. Este acontecimiento supuso el final de la nación checa, desde entonces sometida a Austria, y el primer apogeo de la recién empezada Guerra de los Treinta Años. La obra es aún inmadura en muchos sentidos, pero su éxito constituyó uno de los muchos actos de afirmación nacionalista del momento.
Esa misma tradición coral sirvió para otras obras menos conocidas del primer nacionalismo de Dvorak: Cuatro cantos op. 29 (1876), para coro a capella; Cuatro cantos populares para voces masculinas (1877), Tres cantos eslovacos para coro masculino y dos pianos op. 43 (1877). Las fechas nos indican que estamos en plena época clásica dvorákiana, lo que no impide composiciones o arreglos nacionalistas como las obras enumeradas. Pero en esos años ya estaba componiendo Dvorak una de sus grandes obras corales clasicistas, el Stabat Mater.
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